Tomado de:: www.gramota.net/materials/2/2014/10-3/20.html
Autora: Izvózchikova Ekaterina Andréevna

PACTO DE UN HOMBRE CON EL DEMONIO, ARGUMENTO DE LA NOVELA DE ALEKSÉI TOLSTÓI “ANDANZAS DE NEVZOROV, O IBIKUS”
La década entre 1910 y principios de 1920 fue un momento crucial en la historia de Rusia y la obra literaria de muchos escritores, entre ellos de Alekséi Tolstói. Así, en “Andanzas de Nevzórov, o Ibikus” el tercer Tolstói retomó el “eterno” argumento del pacto con el demonio como una forma de mostrar los trágicos acontecimientos en la vida de su país. Además del tratamiento convencional de este tema, el escritor logró encajar en la narración otro tema, el de la emigración, que afectó tanto a él mismo y a tantos compatriotas suyos.

1925. Alekséi Tolstói ya se encuentra en Rusia de vuelta y prepara el texto completo de esta novela para publicarla. A sus espaldas tiene una valiosa experiencia de emigrante que le ayudó a reconsiderar su propia obra anterior, le ayudó a escribir la primera novela sobre la revolución y un ciclo de obras sobre la vida en el exterior.
Sus impresiones personales y una idea definida sobre lo que había ocurrido en Rusia lo condujo a representarlo de una forma muy poco realista sino, más bien, imaginativa. Así fue como nació una novela satírica sobre un aventurero llevado por el vórtice revolucionario.
Los diarios del escritor, las memorias de su esposa y las de su hijo confirman cuán plenamente Alekséi Tolstói procuró recrear la situación en la Rusia post revolucionaria, el embarque en Odesa, la vida de los emigrantes en las islas turcas y muchas otras cosas. Numerosos episodios cotidianos, fragmentos de reflexiones, casos anecdóticos, todo eso sirve de un fondo variopinto para desarrollar el argumento: un destino “fuera de lo común” de Semión Ivánovich Nevzórov. Con justa razón es considerada esta obra como una de las mejor logradas de Alekséi Tolstói.

La modalidad narrativa de novela de aventuras no fue ninguna casualidad, ya que pone de protagonista un personaje tramposo y desvergonzado para describir el caos social y político que reinaba en el país. En palabras de Mijaíl Bajtín, no es más que un espectador ajeno a lo que está ocurriendo, alguien de más, el que sobra; no encuentra un lugar para sí mismo en la vida que se ve obligado a llevar y la observa en toda su desnudez; juega todos los papeles que se le presentan sin asumir totalmente ninguno de ellos. Algo que lo distingue es el permanente cambio de máscaras y disfraces hasta que adquiere el aspecto demoníaco. Las metamorfosis de Nevzórov se hilvanan en una narración vertical: su culpa, castigo, tentación y placer como compensación.
En ningún momento es la vida de un santo aunque lo anterior lo sugiere, porque su protagonista es objeto de varias tentaciones y desgracias. En vez de justificar su comportamento ante Dios y ganarse su lugar en el paraíso, vemos aquí todo lo contrario: Nevzórov lo sacrifica todo para enriquecerse y hacerse famoso, y de ahí emerge el trato con el demonio. Así es como el autor retoma y continúa la tradición gogoliana. Esta semejanza se ve también reforzada por la combinación de registros estilísticos.

El género mismo de la novela supone que su protagonista actúe más que reflexione; se hace llamar de una u otra manera según le convenga; vemos sus ascensos y caídas; es calculador con las mujeres que conoce y las utiliza para comerciar con sus favores amatorios; finalmente, renuncia a su país, dispuesto a olvidar su origen, destila odio hacia todo lo ruso.
Este punto encierra uno de los más grandes pensamientos de Alekséi Tolstói gestados durante los tiempos en el exilio: “... Una persona que renuncia a su país de origen conlleva el germen de descomposición moral, su deficiencia espiritual...”.
Sin embargo, entre todos los personajes -y aventureros- Nevzórov es el único en triunfar: “Desde luego, para el relato sería mejor hacer morir a Semión Ivánovich, por ejemplo, con una ostra en mal estado, o empujándolo debajo de un automóvil. Pero el caso es que Semión Ivánovich es inmortal. El autor lo ha intentado de diversas maneras, pero no, a Semión Ivánovich no es tan sencillo borrarlo de las páginas del relato. Él mismo es Ibikus. Fibroso, robusto, con los huesos muertos, saldrá sin falta bien librado de la desgracia y siéntate otra vez a escribir sobre sus nuevas andanzas. .... En el restaurante Tokatlián contó él mismo, esta vez sin ayuda de la gitana, su ulterior destino. Dijo que era el rey de la vida. ... Incluso sé que el salón aristocrático, con bancos y piecitos, con números terriblemente picantes, lo abrió. En las noches oscuras, en el letrero se encendía, en perpendicular a la acera, una inscripción seductora: «Ibikus. Salón restaurante con atracciones». Semión Ivánovich reunió mucho dinero y se casó…”.

Resumiendo, podemos decir que Alekséi Tolstói seguía en su obra las grandes muestras de la literatura clásica rusa: las de Pushkin, Gógol, Dostoievski, y planteaba los temas relacionados con la conservación de la integridad espiritual. Igualmente típico de este acervo cultural y su riqueza en argumentos literarios es el pacto con el demonio, reanudado en la novela con unos matices peculiares. El protagonista no solo busca bienes materiales y gloria; pretende llegar a dominar el mundo. Así el escritor logró compaginar los problemas eternos con los contemporáneos y exponer su visión de la época.

Nota: Se han incluido en la publicación las fotos de las pinturas del vanguardista ruso Pável Filónov.
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